Aaaah, como me duele la cabeza…
¿Dónde estoy?... que oscuro está este lugar… y que sucio parece el piso…
¿Dónde estaré?, ¡aaaash!, no puedo parame. ¿Me golpearon? No lo recuerdo…
Esto parece… es un grifo. Si es un grifo, y tambien hay una regadera. Parece que esta habitación es un baño. Un momento…
¡Aaash!, despacio, despacio…
Hay más. Más grifos y regaderas, este lugar es grande. Debe ser un baño público o un vestidor.
¡¡Una puerta!!
Está cerrada, suena a cadenas. Parece que no quieren que salga…
¿¿Cómo demonos llegué hasta aquí??
Tal vez… me secuestraron…
¡Si!, recuerdo que me golpearon en la nuca y…
(-¿estas seguro de que está cerrado?.
-si señor, pusimos los candados
-bien, esperaremos a los otros. Solo hasta las diez, ¿entendido?
-si señor, ya entendí. Se bien que debemos hacer.)
¡¿Hola?!... ¡¿Hola?!
¿Hay alguien?
- Toc, Toc, Toc
¿Alguien?... ¡Por favor!... ¿No me escuchan?
Hay alguien sentado del otro lado de la habitación
¡Hey! ¡¡Hey!!. Parece estar dormido…
¡¡Hey!!, ¿Quién eres?.
No voy a despertarlo…
¿Cómo habré llegado aquí?
Oigo pasos, pero nadie me esucha gritar… ¡¡Hey!!, ¡¿Hay alguien afuera?!
No me tengo que poner nervioso…
Seguramente, alguien llegará tarde o temprano.
Mi esposa debe estar buscandome, conociendola ya debe estar en camino con un gran grupo de hombres uniformados. Esos hombres que se encuentran en casi todas las esquinas, defendiendo la ciudad…
¡¿Hola?! ¡Mierda!
Este tipo aún no despierta. ¡Oiga!, ¿Esta bien? ¡Hey!
¿Que es esto?...
Tiene una banda con la estrella de david en su brazo izquierdo…
Igual que yo…
Hey… ¡Oiga!, ¿está bien?
¡¡Santo cielo!! ¡¡Está muerto!! ¡¡dios!!
¿Pero… pero como?
¡Estoy secuestrado!, ¡estoy seguro de eso!
¿Pero como llegué aquí?
Esos malditos, estoy seguro de que los atraparan y me sacarán de aquí. Los secuestradores pagarán por todo lo que han hecho.
Espero que ese tipo cumpla con la promesa que hizo tan euforicamente en aquel discurso. Que haga de esta ciudad un lugar mejor.
Parecia conciso en sus convicciones y era firme en todo lo que decia. No parecia estar mintiendo…
Ese Adolph parece ser una buena persona…
¿Qué es ese ruido?
¿Qué es ese asqueroso olor? Se siente como azufre…
No me siento nada bien…
29/10/10
11/10/10
Las Estatuas de Sishnag - cuento by Sant
Numerosos son los casos que he llegado a leer o investigar acerca de apariciones fantasmales.
Un sinfín de veces me han contactado para desmitificar una escena o para desmentir una aparición.
Muchos han sido los casos que he llegado a resolver, aunque tambien han sido muchos los que nunca pude explicar.
El caso que más conmocionado me dejó fue el de la iglesia de Sishnag, un lugar ubicado en un sitio tan remoto, que no tendría sentido explicar su localización especifica.
Me habia llamado, el Reverendo Padre de esa institución, terriblemente acongojado.
Aparentemente, según me decía, el lugar estaba maldito…
- - -
Llegué pocos dias después del llamado del Padre, totalmente entusiasmado por lo que me habian narrado y por lo que pude leer del lugar antes del viaje.
La iglesia era una obra maestra por donde se la mire. Era de fachada antigua, los vitraux de colores opacos dejaban pasar los rayos de sol de la mañana a traves de ellos, creando en el suelo unas imágenes abstractas impresionantes; la cúpula vista desde el interior presentaba una imagen pintada a mano donde se hacian presentes ángeles y querubines en un cielo azul, el altar estaba decorado con las más bellas y aromaticas flores, mientras que el confesionario se hallaba muy bien ubicado en el rincón izquierdo de la entrada sucumbido en las sombras, como si estuviese escondido. Aun asi, las piezas que mas llamaban la atención y causaban una sensación de majestuocidad y escalofrios eran sin duda, las estatuas. Llenas de color, aunque este era más bien lugubre, con sus ojos carecian de expresion, asi tambien como de pupilas e iris, tenian la forma más solo eran en su interior, blancos como la nieve.
Con sus rostros frios y serios, daban una imagen de espanto para ser sincero. Nunca habia visto algo asi. Eran tan reales…
Dejé mis bolsos junto al altar, mientras contemplaba la estatua de Cristo en su cruz mirando hacia el cielo, justo detrás de éste.
Fue entonces cuando sentí una puerta que se cerraba a mis espaldas. Era el Padre Gabriel, con nuna cara de alivio que se me es dificil olvidar.
-Tu debes ser johnnatan, bienvenido a Sishnag – me dijo muy alegre
-Gracias padre, es un placer estar aquí- contesté
-Ven, dejame cargar tus cosas hasta tu habitación
Como ya sabran, los miembros de una iglesia, viven en ella.
Generalmente, en la parte superior del edificio, hay habitaciones donde residen los padres, monjas, pupilos y huespedes de acilo. Lo sé porque el mismo Padre Gabriel me lo explicó.
Una vez instalado, después de descanzar del vaje y haber almorzado, el Padre Gabriel tocó a la puerta de mi habitación.
Como de costumbre, yo me encontraba leyendo.
- John… creo que sería conveniente explicarte porque estas aquí… - dijo, muy serio
- Adelante Padre, muero de curiosidad – le contesté.
Lo que me contó, ahogó mi entusiasmo en cuestion de segundos.
Narró varias historias, una más espelusnante que la otra. Todas tenian algo en común: sucedian dentro de esa misma iglesia.
Me contó que en una ocación él y uno de los monagillos que ahí vivia, fueron interrumpidos en la noche mientras dormian por unos ruidos espantosos que provenian de abajo. Cuando bajaron ambos vieron horrorizados como los bancos de la iglesia, de tres metros cada uno pesando minimamente veinte kilos, se movían bruscamente y chocaban unos con otros. El episodio continuó hasta que salio el sol con el amanecer. Cada banco regreso a su lugar especfico.
En otra ocación, al salir de uno de los baños, sintó una voz encantadora. Que susurraba su nombre de forma intranquilizadora.
-“Gabriel… pecados… muerte…”
-“Gabriel... mentiras… sangre...”
Los ojos del Padre se llenaban de terror al contarme las historias. Tuve que creerle.
Nadie inventaria algo como eso, nadie.
- No te preocupes – dije
- Resolveré este misterio, te lo prometo.
- John… - dijo poniendo su mano en mi hombro
- Soy el único que se quedo aquí, los demas huyeron cuando empezaron los episodios. Otros… no lo soportaron John. No pudieron aguantarlo.
¡Estos no son milagros john!. Son actos del Señor de las Sombras.
Los que se quedaron conmigo… se suicidaron…
Las lagrimas comenzaron a brotarle de los ojos… lucía tan mal, como a punto de explotar en llantos y sollozos…
- Gabriel… esto…
Voy a averiguar que sucede aquí, te lo prometo.
Recorri durante ese día, todo el lugar. No dejé rincón sin examinar, inspecioné hasta el altar. Nada
Ni trabajos de magia negra, ni simbolos infernales, ni objetos malditos, ¡nada!
Absolutamente nada…
Caía la noche, y por primera vez, me incomodaba quedarme en un lugar que supuestamente tenía algo sombrio oculto.
Cenamos juntos el Padre Gabriel y yo. Eramos los únicos seres humanos presentes allí. Constantemente me preguntaba, como había hecho él para vivir solo hasta mi llegada.
Apagamos las luces de la iglesia y subimos a los cuartos en el piso superior del edificio.
Al principio esa noche no sentí nada, más que frio. era invierno, según recuerdo.
Más adentradas las horas, comencé a escuchar cosas.
-“John… vete…John”
Desperté, estaba soñando efectivamente. El episodio que me habia contado Gabriel esa mañana me dejó aturdido.
Traté de dormirme, pero no pude. Asi que bajé a la iglesia, para apreciar las obras de arte que ésta tenia. No queria quedarme en mi habitación, por algún motivo me sentía incomodo.
Encendí una vela y bajé las escaleras de espiral.
Llegué al altar y mire hacia adelante, contemplando los bancos inmoviles. Aunque llamó mi atención una silueta a lo lejos, por detrás de la hilera de bancos a mi derecha.
Allí detrás de una columna había una estatua de quien supongo yo era la virgen Maria, mirando fijamente hacia donde yo me encontraba. Juraba que, al llegar esa mañana, había visto a esa misma estatua a la inversa, mirando hacia la puerta no hacia el altar. ¿Quién la voltearía?¿Gabriel?.
La expresion de esa virgen me incomodaba. Estaba tan seria e inexpresiva, no podía mirarla más de diez segundos sin sentir ganas de apartar la mirada hacia otro lado.
Me di vuelta en redondo, dandole la espalda a la estatua y al altar.
Vi los pies del Cristo en su cruz y levanté la mirada para contemplarlo por completo nuevamente.
Tuve que correr por haberlo hecho.
Ahí estaba mirandome fijamente boquiabierto con una mueca de dolor y con la sangre pintada cayendole por las mejillas. Me miraba a mí, colgado detrás del altar. ¿Qué me causaba horror?
Ese mismo Cristo, cuando lo ví al llegar esa mañana, estaba mirando hacia el techo. ¡No hacia el altar!
Me invadio el miedo y corrí por las escaleras, entré a mi cuarto y me cubrí con las sabanas de mi cama. Como si tuviera seis años. Aunque creo que cualquiera en mi lugar lu hubiese hecho.
No se como pero logre conciliar el sueño esa noche, pero lo hice.
A la mañana siguiente, me encontré con el Padre en la cocina. Para desayunar
Le conté lo sucedido la noche anterior.
Me miró fijamente, y después de unos segundos me contestó:
-Que sueño tan horrible…
-Debió serlo…- le contesté
Recuerdo perfectamente, que durante esa jornada tampoco pasó nada. Fue un día normal, común y corriente. Aburrido.
Pero la noche…
No pude dormir, los recuerdos de lo acontecido la noche anterior no me abandonaban.
Estaba acostumbrado a episodios de esa indole, después de todo, soy investigador paranormal. Pero aún asi…
Logré dormirme al amanecer. Y desperté cerca del mediodia.
Cuando abrí los ojos ví sentada en una silla, frente a mi cama a una anciana.
Que cuando me vío despertar se me arrojó encima.
-¡Vete! ¡Tienes que irte! ¡Mientras puedas! ¡Vete!
No pude decir palabra alguna, Gabriel entró a la habitación y hechó a la mujer, mientras la tranquilizaba.
- Perdonala… - me dijo al salir.
Yo miraba atónito…
No ví al Padre hasta la hora del almuerzo.
- Lamento lo que pasó esta mañana – me dijo mientras entraba a la cocina.
- Esa mujer, antes vivía aquí, era una de las monjas de la iglesia.
- Comprendo - contesté
- Pero, ¿por qué debo irme?
- Por los mismos motivos que te he contado…
- Si, bueno. De todos modos me quedaré, quiero deducir que sucede aquí.
- Es bueno saberlo John…
Ese fue otro día normal, nada extraño.
Deducí que los episodios ocurrían solamente de noche, y no me equivoque.
La mujer se quedó ese día. Ayudó al Padre Gabriel con algunas cosas.
No entendí la mayoria de ellas, no soy muy aficionado a los temas religiosos
A las ultimas horas de la tarde, puse a prueba una de las cosas que aprendí a lo largo de estos años…
El atardecer ya llegaba a su fin, y estaba a punto de caer la noche.
Tomé uno de mis bolsos, donde ocacionalmente llevo articulos como amuletos, libros, posiones, entre otras muchas cosas.
Bajé las escaleras de espiral, y coloqué el bolso sobre el altar.
La cara de sorpresa del Padre y la mujer se notaba a metros de distancia. Con aires de desconfianza Gabriel se acercó al altar, donde me encontraba organizando los objetos de mi pertenencia.
-¿Magia? – me preguntó consternado
- Recursos… - le contesté
- Ese tipo de recursos, aquí, son blasfemia…
- Tal vez, pero son meramente necesarios. De esta manera, quizás logre encontrar algo.
Saque del bolso, una tiza roja y un libro antiguo. Un regalo de un amigo mio, que en forma de agradecimiento me lo obsequio. Era dueño de una biblioteca.
El libro tenía, entre otras cosas, simbolos magicos, sellos, invocaciones y hechizos contra las fuerzas oscuras. Algo muy interesante, aunque extrabajante. Muchas de esas cosas NO servian en realidad.
Con la tiza hize uno de los sellos del libro. Lo marqué justo en medio del pasillo central de la iglesia. Entre las dos filas de bancos.
Era un maleficio contra fenomenos polstergeist, más conocidos como fantasmas burlones. Tenían la costumbre de realizar las mismas acciones que se veían en ese sitio.
También coloqué una cámara en un tridente, justo en frente de la puerta de acceso, la cual era inmensa.
La cámara apuntaba hacia el altar, y enfocaba casi a la perfección todo el lugar. Excepto el cubiculo de madera, el confesionario. Que se encontraba al costado izquierdo de la camara y permanecia fuera de foco.
Luego de cenar, encendí la camara. Con esperanzas de que esta capte algo interesante para ver. Tal vez asi, me acerque a la solución del fenómeno que azotaba esa región…
Nos fuimos a dormir, la mujer tambien se había quedado aquella noche. Algo en ella me incomodaba, no me agradaba del todo.
La noche transcurrió normalmente, y esta vez si pude concliar el sueño.
Horas más tarde, me estremeció un grito de dolor. Adormecido me levanté de mi cama, encendí una vela y me dirigí a la habitación del Padre, el no estaba allí.
Bajé apresurado por las escaleras, Gabriel estaba al final de éstas petrificado, inmovil.
- ¿Qué sucede? – pregunté
Lo único que atinó a hacer fue levantar su dedo indice hacía el altar…
Sobre él estaba la mujer, la supuesta monja. Muerta.
Su rostro reflejaba el terror de lo último que habia vivido, boquiabierta con sus ojos abiertos de par en par.
Lo extraño era, que no presentba ningún daño físico. Ningún rasguño, ningún golpe, ningún corte, ningún rastro de sangre.
El sello que había dibujado en el centro del pasillo, estaba borroneado. Y la cámara en su tridente estaba apagada…
El Padre Gabriel sacó una petaca de wisky de su sotána, bebío de ésta con desesperacón.
Asi mismo yo tomé una caja de cigarros de mi bolso, que aún seguía ahí, junto al altar.
Le ofrecí uno al Padre, pero me lo rechazo. “No vaya a ser pecado”- pensé.
Al llegar el amanecer, ordenamos todo. Borré el sello magico y revisé la cámara.
La difunta no tenía parientes presentes aparentemente.
El Padre Gabriel hizo los honores y despedimos a la pobre anciana antes del mediodia. La sepultamos en el mismo cementerio de la iglesia.
Durante esa jornada, no hubo palabra alguna entre nosotros. Estuvimos en silencio casi todo el tiempo. Supongo que por respeto a la anciana.
- Esta noche repetiré lo de la cámara… - le dije durante la cena.
La mirada del Padre estaba perdida. Se notaba que estaba aturdido por lo acontecido.
- Yo no tengo sueño…- me contestó casi murmullando.
- Creo que me quedaré abajo, no soporto más esta pesadilla. Me bañaré en agua bendita si es necesario, pero esos demonios o lo que sean no me sobrepasarán. ¡No a mi!
Estaba acongojado, furioso y triste a la vez. La muerte de la monja realmente le había afectado.
Supuse por un instante que pudo haber un romance entre ellos. El Padre Gabriel no era precisamente un muchachito jóven…
Olvidé enseguida esa idea absurda, el Padre era un hombre de fé y dedicado de lleno a su profesión. Bastaba poco tiempo de concerlo para darse cuenta.
Cercano a la hora de dormir, encendí nuevamente la cámara con un cigarro en la boca.
Gabriel se encontraba en el piso superior. Rezando supongo…
Cuando terminé los preparativos, me dispuse a subir. Me encontré con el Padre, quien estaba bajando.
No se había cambiado, tenía aún la sotána blanca que se habia puesto para el entierro de la anciana.
- Buenas noches John…- me dijo hundido en falsa tranquilidad. Se le notaba el miedo y el insomnio en su mirada.
- Buenas noches Gabriel… contesté
Pasaron varias horas. Y sabía que él se había quedado en la iglesia, porque no escuché la puerta de su habitación.
Al rato sentí que alguien subía las escaleras y me asomé desde la puerta de mi habitación.
- ¿Gabriel? – dije
No había nadie, ni en la escalera, ni en la recamara del Padre…
No le dí importancia al hecho y volví a mi cama. Las horas siguieron pasando y yo no podía quitarme la imagen de la pobre anciana sobre el altar.
Unos ruidos horribles interrumpieron mi meditación, seguidos de un grito del Padre Gabriel
- ¡¡John!!
Corrí lo más rápido que pude hasta llegar a las escaleras, las bajé a toda prisa.
Cuando llegué a la iglesia mire hacia todas direcciones pero no encontré al Padre, en ese momento lo sentí. Alguien o algo golpeó mi cabeza, dejandome inconciente…
Cuando desperté, mareado, comenzé a buscar a Gabriel. Pero no estaba en ninguna parte.
Todo estaba destruido. Ninguno de los bancos se encontraba sano, los vitraux estaban destrozados sobre el suelo, las flores del altar se habian convertido inexplicablemente en cenizas y en el suelo había lo que parecía ser sangre. Todo estaba hecho una ruina…
Estuve un largo rato mirando estupefacto la escena tratando de explicarme que había sucedido, cuando algo dentro de mí hizo que cayera a la realidad.
- ¡La cámara!
Corrí hacia ella, por suerte estaba encendida. La tomé en mis manos la reboviné, y reproducí lo que había grabado.
Lo que ví me erizó la piel, nunca olvidaré esas horrendas imágenes. Apagé la cámara y respiré profundo.
- ¡Gabriel! ¡Gabriel!
Escuché unos sollozos que venían del cubiculo de madera, del confesionario.
Abri bruscamente la puerta. Ahí estaba el Padre Gabriel, sentado en un rincón, balanceandose, con la mirada fija en el suelo, los ojos llenos de lágrimas y la sotána cubierta de sangre…
- ¡Las estatuas! ¡Las estatuas!
Un sinfín de veces me han contactado para desmitificar una escena o para desmentir una aparición.
Muchos han sido los casos que he llegado a resolver, aunque tambien han sido muchos los que nunca pude explicar.
El caso que más conmocionado me dejó fue el de la iglesia de Sishnag, un lugar ubicado en un sitio tan remoto, que no tendría sentido explicar su localización especifica.
Me habia llamado, el Reverendo Padre de esa institución, terriblemente acongojado.
Aparentemente, según me decía, el lugar estaba maldito…
- - -
Llegué pocos dias después del llamado del Padre, totalmente entusiasmado por lo que me habian narrado y por lo que pude leer del lugar antes del viaje.
La iglesia era una obra maestra por donde se la mire. Era de fachada antigua, los vitraux de colores opacos dejaban pasar los rayos de sol de la mañana a traves de ellos, creando en el suelo unas imágenes abstractas impresionantes; la cúpula vista desde el interior presentaba una imagen pintada a mano donde se hacian presentes ángeles y querubines en un cielo azul, el altar estaba decorado con las más bellas y aromaticas flores, mientras que el confesionario se hallaba muy bien ubicado en el rincón izquierdo de la entrada sucumbido en las sombras, como si estuviese escondido. Aun asi, las piezas que mas llamaban la atención y causaban una sensación de majestuocidad y escalofrios eran sin duda, las estatuas. Llenas de color, aunque este era más bien lugubre, con sus ojos carecian de expresion, asi tambien como de pupilas e iris, tenian la forma más solo eran en su interior, blancos como la nieve.
Con sus rostros frios y serios, daban una imagen de espanto para ser sincero. Nunca habia visto algo asi. Eran tan reales…
Dejé mis bolsos junto al altar, mientras contemplaba la estatua de Cristo en su cruz mirando hacia el cielo, justo detrás de éste.
Fue entonces cuando sentí una puerta que se cerraba a mis espaldas. Era el Padre Gabriel, con nuna cara de alivio que se me es dificil olvidar.
-Tu debes ser johnnatan, bienvenido a Sishnag – me dijo muy alegre
-Gracias padre, es un placer estar aquí- contesté
-Ven, dejame cargar tus cosas hasta tu habitación
Como ya sabran, los miembros de una iglesia, viven en ella.
Generalmente, en la parte superior del edificio, hay habitaciones donde residen los padres, monjas, pupilos y huespedes de acilo. Lo sé porque el mismo Padre Gabriel me lo explicó.
Una vez instalado, después de descanzar del vaje y haber almorzado, el Padre Gabriel tocó a la puerta de mi habitación.
Como de costumbre, yo me encontraba leyendo.
- John… creo que sería conveniente explicarte porque estas aquí… - dijo, muy serio
- Adelante Padre, muero de curiosidad – le contesté.
Lo que me contó, ahogó mi entusiasmo en cuestion de segundos.
Narró varias historias, una más espelusnante que la otra. Todas tenian algo en común: sucedian dentro de esa misma iglesia.
Me contó que en una ocación él y uno de los monagillos que ahí vivia, fueron interrumpidos en la noche mientras dormian por unos ruidos espantosos que provenian de abajo. Cuando bajaron ambos vieron horrorizados como los bancos de la iglesia, de tres metros cada uno pesando minimamente veinte kilos, se movían bruscamente y chocaban unos con otros. El episodio continuó hasta que salio el sol con el amanecer. Cada banco regreso a su lugar especfico.
En otra ocación, al salir de uno de los baños, sintó una voz encantadora. Que susurraba su nombre de forma intranquilizadora.
-“Gabriel… pecados… muerte…”
-“Gabriel... mentiras… sangre...”
Los ojos del Padre se llenaban de terror al contarme las historias. Tuve que creerle.
Nadie inventaria algo como eso, nadie.
- No te preocupes – dije
- Resolveré este misterio, te lo prometo.
- John… - dijo poniendo su mano en mi hombro
- Soy el único que se quedo aquí, los demas huyeron cuando empezaron los episodios. Otros… no lo soportaron John. No pudieron aguantarlo.
¡Estos no son milagros john!. Son actos del Señor de las Sombras.
Los que se quedaron conmigo… se suicidaron…
Las lagrimas comenzaron a brotarle de los ojos… lucía tan mal, como a punto de explotar en llantos y sollozos…
- Gabriel… esto…
Voy a averiguar que sucede aquí, te lo prometo.
Recorri durante ese día, todo el lugar. No dejé rincón sin examinar, inspecioné hasta el altar. Nada
Ni trabajos de magia negra, ni simbolos infernales, ni objetos malditos, ¡nada!
Absolutamente nada…
Caía la noche, y por primera vez, me incomodaba quedarme en un lugar que supuestamente tenía algo sombrio oculto.
Cenamos juntos el Padre Gabriel y yo. Eramos los únicos seres humanos presentes allí. Constantemente me preguntaba, como había hecho él para vivir solo hasta mi llegada.
Apagamos las luces de la iglesia y subimos a los cuartos en el piso superior del edificio.
Al principio esa noche no sentí nada, más que frio. era invierno, según recuerdo.
Más adentradas las horas, comencé a escuchar cosas.
-“John… vete…John”
Desperté, estaba soñando efectivamente. El episodio que me habia contado Gabriel esa mañana me dejó aturdido.
Traté de dormirme, pero no pude. Asi que bajé a la iglesia, para apreciar las obras de arte que ésta tenia. No queria quedarme en mi habitación, por algún motivo me sentía incomodo.
Encendí una vela y bajé las escaleras de espiral.
Llegué al altar y mire hacia adelante, contemplando los bancos inmoviles. Aunque llamó mi atención una silueta a lo lejos, por detrás de la hilera de bancos a mi derecha.
Allí detrás de una columna había una estatua de quien supongo yo era la virgen Maria, mirando fijamente hacia donde yo me encontraba. Juraba que, al llegar esa mañana, había visto a esa misma estatua a la inversa, mirando hacia la puerta no hacia el altar. ¿Quién la voltearía?¿Gabriel?.
La expresion de esa virgen me incomodaba. Estaba tan seria e inexpresiva, no podía mirarla más de diez segundos sin sentir ganas de apartar la mirada hacia otro lado.
Me di vuelta en redondo, dandole la espalda a la estatua y al altar.
Vi los pies del Cristo en su cruz y levanté la mirada para contemplarlo por completo nuevamente.
Tuve que correr por haberlo hecho.
Ahí estaba mirandome fijamente boquiabierto con una mueca de dolor y con la sangre pintada cayendole por las mejillas. Me miraba a mí, colgado detrás del altar. ¿Qué me causaba horror?
Ese mismo Cristo, cuando lo ví al llegar esa mañana, estaba mirando hacia el techo. ¡No hacia el altar!
Me invadio el miedo y corrí por las escaleras, entré a mi cuarto y me cubrí con las sabanas de mi cama. Como si tuviera seis años. Aunque creo que cualquiera en mi lugar lu hubiese hecho.
No se como pero logre conciliar el sueño esa noche, pero lo hice.
A la mañana siguiente, me encontré con el Padre en la cocina. Para desayunar
Le conté lo sucedido la noche anterior.
Me miró fijamente, y después de unos segundos me contestó:
-Que sueño tan horrible…
-Debió serlo…- le contesté
Recuerdo perfectamente, que durante esa jornada tampoco pasó nada. Fue un día normal, común y corriente. Aburrido.
Pero la noche…
No pude dormir, los recuerdos de lo acontecido la noche anterior no me abandonaban.
Estaba acostumbrado a episodios de esa indole, después de todo, soy investigador paranormal. Pero aún asi…
Logré dormirme al amanecer. Y desperté cerca del mediodia.
Cuando abrí los ojos ví sentada en una silla, frente a mi cama a una anciana.
Que cuando me vío despertar se me arrojó encima.
-¡Vete! ¡Tienes que irte! ¡Mientras puedas! ¡Vete!
No pude decir palabra alguna, Gabriel entró a la habitación y hechó a la mujer, mientras la tranquilizaba.
- Perdonala… - me dijo al salir.
Yo miraba atónito…
No ví al Padre hasta la hora del almuerzo.
- Lamento lo que pasó esta mañana – me dijo mientras entraba a la cocina.
- Esa mujer, antes vivía aquí, era una de las monjas de la iglesia.
- Comprendo - contesté
- Pero, ¿por qué debo irme?
- Por los mismos motivos que te he contado…
- Si, bueno. De todos modos me quedaré, quiero deducir que sucede aquí.
- Es bueno saberlo John…
Ese fue otro día normal, nada extraño.
Deducí que los episodios ocurrían solamente de noche, y no me equivoque.
La mujer se quedó ese día. Ayudó al Padre Gabriel con algunas cosas.
No entendí la mayoria de ellas, no soy muy aficionado a los temas religiosos
A las ultimas horas de la tarde, puse a prueba una de las cosas que aprendí a lo largo de estos años…
El atardecer ya llegaba a su fin, y estaba a punto de caer la noche.
Tomé uno de mis bolsos, donde ocacionalmente llevo articulos como amuletos, libros, posiones, entre otras muchas cosas.
Bajé las escaleras de espiral, y coloqué el bolso sobre el altar.
La cara de sorpresa del Padre y la mujer se notaba a metros de distancia. Con aires de desconfianza Gabriel se acercó al altar, donde me encontraba organizando los objetos de mi pertenencia.
-¿Magia? – me preguntó consternado
- Recursos… - le contesté
- Ese tipo de recursos, aquí, son blasfemia…
- Tal vez, pero son meramente necesarios. De esta manera, quizás logre encontrar algo.
Saque del bolso, una tiza roja y un libro antiguo. Un regalo de un amigo mio, que en forma de agradecimiento me lo obsequio. Era dueño de una biblioteca.
El libro tenía, entre otras cosas, simbolos magicos, sellos, invocaciones y hechizos contra las fuerzas oscuras. Algo muy interesante, aunque extrabajante. Muchas de esas cosas NO servian en realidad.
Con la tiza hize uno de los sellos del libro. Lo marqué justo en medio del pasillo central de la iglesia. Entre las dos filas de bancos.
Era un maleficio contra fenomenos polstergeist, más conocidos como fantasmas burlones. Tenían la costumbre de realizar las mismas acciones que se veían en ese sitio.
También coloqué una cámara en un tridente, justo en frente de la puerta de acceso, la cual era inmensa.
La cámara apuntaba hacia el altar, y enfocaba casi a la perfección todo el lugar. Excepto el cubiculo de madera, el confesionario. Que se encontraba al costado izquierdo de la camara y permanecia fuera de foco.
Luego de cenar, encendí la camara. Con esperanzas de que esta capte algo interesante para ver. Tal vez asi, me acerque a la solución del fenómeno que azotaba esa región…
Nos fuimos a dormir, la mujer tambien se había quedado aquella noche. Algo en ella me incomodaba, no me agradaba del todo.
La noche transcurrió normalmente, y esta vez si pude concliar el sueño.
Horas más tarde, me estremeció un grito de dolor. Adormecido me levanté de mi cama, encendí una vela y me dirigí a la habitación del Padre, el no estaba allí.
Bajé apresurado por las escaleras, Gabriel estaba al final de éstas petrificado, inmovil.
- ¿Qué sucede? – pregunté
Lo único que atinó a hacer fue levantar su dedo indice hacía el altar…
Sobre él estaba la mujer, la supuesta monja. Muerta.
Su rostro reflejaba el terror de lo último que habia vivido, boquiabierta con sus ojos abiertos de par en par.
Lo extraño era, que no presentba ningún daño físico. Ningún rasguño, ningún golpe, ningún corte, ningún rastro de sangre.
El sello que había dibujado en el centro del pasillo, estaba borroneado. Y la cámara en su tridente estaba apagada…
El Padre Gabriel sacó una petaca de wisky de su sotána, bebío de ésta con desesperacón.
Asi mismo yo tomé una caja de cigarros de mi bolso, que aún seguía ahí, junto al altar.
Le ofrecí uno al Padre, pero me lo rechazo. “No vaya a ser pecado”- pensé.
Al llegar el amanecer, ordenamos todo. Borré el sello magico y revisé la cámara.
La difunta no tenía parientes presentes aparentemente.
El Padre Gabriel hizo los honores y despedimos a la pobre anciana antes del mediodia. La sepultamos en el mismo cementerio de la iglesia.
Durante esa jornada, no hubo palabra alguna entre nosotros. Estuvimos en silencio casi todo el tiempo. Supongo que por respeto a la anciana.
- Esta noche repetiré lo de la cámara… - le dije durante la cena.
La mirada del Padre estaba perdida. Se notaba que estaba aturdido por lo acontecido.
- Yo no tengo sueño…- me contestó casi murmullando.
- Creo que me quedaré abajo, no soporto más esta pesadilla. Me bañaré en agua bendita si es necesario, pero esos demonios o lo que sean no me sobrepasarán. ¡No a mi!
Estaba acongojado, furioso y triste a la vez. La muerte de la monja realmente le había afectado.
Supuse por un instante que pudo haber un romance entre ellos. El Padre Gabriel no era precisamente un muchachito jóven…
Olvidé enseguida esa idea absurda, el Padre era un hombre de fé y dedicado de lleno a su profesión. Bastaba poco tiempo de concerlo para darse cuenta.
Cercano a la hora de dormir, encendí nuevamente la cámara con un cigarro en la boca.
Gabriel se encontraba en el piso superior. Rezando supongo…
Cuando terminé los preparativos, me dispuse a subir. Me encontré con el Padre, quien estaba bajando.
No se había cambiado, tenía aún la sotána blanca que se habia puesto para el entierro de la anciana.
- Buenas noches John…- me dijo hundido en falsa tranquilidad. Se le notaba el miedo y el insomnio en su mirada.
- Buenas noches Gabriel… contesté
Pasaron varias horas. Y sabía que él se había quedado en la iglesia, porque no escuché la puerta de su habitación.
Al rato sentí que alguien subía las escaleras y me asomé desde la puerta de mi habitación.
- ¿Gabriel? – dije
No había nadie, ni en la escalera, ni en la recamara del Padre…
No le dí importancia al hecho y volví a mi cama. Las horas siguieron pasando y yo no podía quitarme la imagen de la pobre anciana sobre el altar.
Unos ruidos horribles interrumpieron mi meditación, seguidos de un grito del Padre Gabriel
- ¡¡John!!
Corrí lo más rápido que pude hasta llegar a las escaleras, las bajé a toda prisa.
Cuando llegué a la iglesia mire hacia todas direcciones pero no encontré al Padre, en ese momento lo sentí. Alguien o algo golpeó mi cabeza, dejandome inconciente…
Cuando desperté, mareado, comenzé a buscar a Gabriel. Pero no estaba en ninguna parte.
Todo estaba destruido. Ninguno de los bancos se encontraba sano, los vitraux estaban destrozados sobre el suelo, las flores del altar se habian convertido inexplicablemente en cenizas y en el suelo había lo que parecía ser sangre. Todo estaba hecho una ruina…
Estuve un largo rato mirando estupefacto la escena tratando de explicarme que había sucedido, cuando algo dentro de mí hizo que cayera a la realidad.
- ¡La cámara!
Corrí hacia ella, por suerte estaba encendida. La tomé en mis manos la reboviné, y reproducí lo que había grabado.
Lo que ví me erizó la piel, nunca olvidaré esas horrendas imágenes. Apagé la cámara y respiré profundo.
- ¡Gabriel! ¡Gabriel!
Escuché unos sollozos que venían del cubiculo de madera, del confesionario.
Abri bruscamente la puerta. Ahí estaba el Padre Gabriel, sentado en un rincón, balanceandose, con la mirada fija en el suelo, los ojos llenos de lágrimas y la sotána cubierta de sangre…
- ¡Las estatuas! ¡Las estatuas!
6/10/10
Michelle - cuento by Sant
Los ultimos rayos de sol del atardecer, entraban por la ventana.
En un sutil baile compartido con las luces de las velas que reposaban sobre las mesas y el dintel de la puerta
Ese cuarto en el segundo piso… el cuarto prohibido, Vincent solo entraba a ese cuarto cuando se veia ahogado en nostalgia. Le habia negado la entrada a todos sus sirvientes y mucamas, ya que en esa habitación descanzaban las pertenencias de sus difunta esposa.
Sus joyeros estaban ordenados prolijamente sobre la comoda de roble que Michelle habia elegido para decorar el cuarto de huespedes. Un único armario se hacia presente al final de la alfombra color uva que relucia el piso de la habitacion, en este dormian los vestidos que la mujer usaba haciendolos destacar con el color de su piel.
En las paredes se hacian colgados los multiples abanicos y en un rincon de la habitacion habia un sofá de un cuerpo, donde Michelle acostumbraba sentarse a leer por las tardes bebiendo té.
Sin lugar a dudas la pieza que hacia sentir la presencia de la esposa del señor Vincent, era su retrato en la pared. Tan grande y majestuoso, pintado a sudor y sangre por un artista inglés de renombre. Cada detalle en las facciones de Michelle estaban inmortalizados en esa obra.
Los pequeños detalles que el artista habia logrado plasmar en el lienzo, hacia que Vincent pasara horas enteras apreciando la figura de su amada desde aquel viejo sofá.
La curva de los labios, el brillo en sus ojos color miel, su pálida pero hermosa piel…
Por alguna razon al mirar ese cuadro Vincent sentia que ella estaba ahí. A veces incluso, solia hablarle, como si su esposa pudiese escucharlo.
- - -
Aquella noche, el sueño de Vincent fue interrumpido por una dulce voz que aturdió su mente.
Confundido, salío de su cuarto, asomando su cabeza y sus hombros por la puerta hacia el pasillo principal de la casa.
Se volvio hacia su habitacion y cerró la puerta al sentarse nuevamente en su cama, esa voz volvió a exaltarlo de su tranquilidad.
-Vincent…
Arremetió a salir nuevamente, esta vez parado en el medio del pasillo, volvió a sentir el llamado…
-Vincent…
-¿Quién está ahí? – pregunto murmurando
Logró seguir la delicada voz fantasmal, la cual lo dirigio directamente al cuarto donde descanzaban las posesiones de Michelle.
-oh, mente abrumadora… debi saber que mi propio inconciente me juega trucos. Me he desvelado alucinando con voces que no existen, pasaré la noche aquí mi amor. El calor de tus ojos me ayudará a conciliar el sueño otra vez.
Vincent encendió una de las velas y se sirvió un vaso de cognac que reposaba en la punta de la comoda, el único licor que su amada solia beber en ocaciones especiales, se sentó comadamente en el sofá y clavó la vista en la caja musical que estaba en uno de los estantes frente a él.
Suspiro profundamente y lentamente se levantó del sofá. Se colocó de espaldas a la puerta tomando entre sus manos la caja musical en forma hexagonal que el mismo habia regalado a Michelle.
Una fuerte rafaga de viento cerró estrepitosamente la puerta a sus espaldas.
El susto propinado por ésta hizo que Vincent dejára caer al suelo la pequeña caja, la cual se abrió dejando salir una música tan delicada que hacia enternecer el corazón de cualquier ser humano.
Con los ojos brillando Vincent tomo la cajita y la dejo de nuevo en su lugar, en ese estante lleno de polvo.
En el mismo instante en que la pieza toco la madera se hoyó una tenue y escalofriante voz…
-Vincent…
Vincent tomó la copa de cognac y bebió un buen sorbo de ésta, tratando de ignorar la perturbadora voz
-¿de donde viene esa voz?-se dijo algo asustado.
Trató de abrir la puerta, mas al girar el picaporte esta no lo hizo.
-¿Cómo puedo quedarme encerrado si la llave esta en mi bolsillo?-se cuestionó
Intentó nuevamente en vano, pues la puerta no se abrió.
La apagada y escalofriante voz volvio a sonar…
-Nunca…
-¡¿Quién esta ahí?!-dijo enfurecido
-No entiendo quien trata de jugarme una broma a estas horas de la noche. ¡no es gracioso!
La debil voz contestó inexpresiva….
-Nunca…
-¿Nunca?, ¿que quiere decir eso?. Si descubro quien es el que trata de asustarme…
-Nunca…
-¡Basta! – gritó
Nadie contesto esta vez, Vincent se desplomó sobre el sofá y se frotó el rostro angustiado. Volvio a tomar un buen sorbo de cognac.
Nervioso se levanto a encender otra vela, la oscuridad lo hacia inquietarse un poco.
Se dirigió a la puerta nuevamente, y esta seguía cerrada.
Tomo un cigarro del bolsillo de su bata y lo encendio, dio tres bocanadas para calmarse y lo apagó, no queria arruinar el aire de la habitación. Un recuerdo le arrebató la mente…
-ya se que no te agrada el olor, por eso lo apago… - dijo mirando el retrato de Michelle.
Mirando meditabundo a la ventana se dijo: - solo es un visitante, algun bromista que trata de asustarte, solo eso y nada más.
Miró por la ventana hacia el costado de su jardin, vio la cerca de madera, los arbustos y los rosales que habia hecho plantar su amada, en aquella primavera unos años atrás.
-oh amor mio…-dijo recostandose en el aterciopelado sofá.
-Si supieras cuanto te extraño…
Esa odiosa voz contesto casi en animos de burla:
-Jamás…
Rabioso, Vincent pegó un brinco y se levantó del sofá
-solo un idiota que trata de asustarme ¡solo eso y nada mas!
-¿quien es el ingrato que asecha mis espaldas? ¿Quién es el dueño de esa voz fantasmal? ¿Quién invade mi morada para no dejarme dormir en paz?
Una respuesta quebro el silenco de la habitacion. Era la cajita musical hexagonal, que habia empezado a sonar, como por arte de magia.
Se acercó al estante a pocos metros de él, miró la caja y con una mueca de confusion la cerro de un movimiento.
-Vanos los trucos de los que te has provisto – exclamó
- Es absurdo tu plan, el de asustarme, ya he tocado el infierno aquel 5 de octubre. Ya no tengo nada a que temer… ¡nada!.
Nuevamente intentó abrir la puerta… esta seguía cerrada.
Su incomodidad se tornó en desesperación ante este hecho y para tranquilizarse sirvió otra copa de cognac y volvió a sentarse en el sofá.
Sentado observó fijamente sobre su hombro derecho el costado del armario de roble, finamente decorado con talladuras hechas a mano, y algo raro surgio desde su pecho. Una sensacion extraña, como si el interior del armario lo llamára…
Muy lentamente, Vincent abandonó su posición en el sofá y se acerco al armario sin pestañar una sola vez.
Despues de contemplarlo unos minutos decidió abrirlo…
Dentro de él habia de todo, albumnes de fotografias, perfumes, vestidos, zapatos, más alajeros, cajitas con prendedores, un baúl con cartas recibidas y escritas por su difunta esposa, Vincent habia olvidado casi por completo que esas poseciones estaban guardadas ahí.
Pasó un largo rato hasta que el hombre lleno de insomnio admiró con detalle todas las piezas dentro del armario. Olío cada perfume durante varios minutos, sintio la tela de los vestidos en sus dedos, miró los albumnes de fotografias ojeandolos varias veces seguidas y hasta leyó las cartas, en mayoría de familiares dandole las gracias por algún obsequio o deseandole un feliz cumpleaños.
Mas aún, después de hacer una autopsia obsesiva al armario, Vinent notó un detalle en unos de los estantes donde se pozaban los zapatos. Mas precisamente, el par de zapatos italianos de color negro que él mismo le habia regalado en su cumpleaños numero 36.
Por debajo de estos un resplandor plateado, casi indivisile, se hacia notar bajo la luz de una de las velas situadas en el dintel de la puerta.
Corrió los zapatos, para dislumbrar un pequeño cofre, pequeño para ser una alcancía, muy grande para ser un alajero…
Era amarillo antiguo, con bordes platinados y una cerradura plateada cerrando la tapa. Indudablemente, valioso…
Apenas la idea de abrirlo cruzó la mente de Vincent, se hoyó un golpe en la puerta.
El se acercó a ella…
-¿Quién anda ahí?- preguntó
-¿eres tu Clary?- volvió a preguntar, refiriendose a una de sus mucamas, la que hacia el turno de noche.
Al voltearse hacia la cómoda, lo sorprendio la indesifrable voz…
-Nunca jamás…
Vincent miró la puerta, asustado pero furioso.
-si nadie contesta, y nadie se escucha, ha de ser mi imaginación. Si, mi imaginación, y nada más.
-Jamás…
La horrorosa voz contestó a su reflexión.
-¡Basta!, en nombre de lo que es sagrado, suplíco que des la cara. ¡Deja de agobiarme y vigilarme! ¡déjame en paz!
Nuevamente… nadie contestó
Recuperandose de la escena, se dirigió a la cómoda. Donde él suponía que se encontraría la llave que abriría el pequeño cofre de Michelle.
No dejó cajón sin revisar. Meticulosamente observó cada rincón, de arriba a bajo de la antigua cómoda que su amada habia elegido. Más la llave nunca aparecio…
-es extraño…- pensó para si mismo
-es extraño que no se encuentre aquí… ¿Dónde podría estar?. Quizás este dentro del armario…
Al abrir las puertas de éste sintió una sensación gélida detrás de él. Como si le pasáran hielo a lo largo de su espalda.
Volteó sorprendido y aterrado…
-Nunca jamás… - resonó en la habitación, un poco más fuerte que las últimas veces.
-¡por favor!- dijo al borde del llanto
-¡basta ya!, ¿Qué quieres de mi?
Desesperado llegó hasta la puerta girando el picaporte agitadamente. El cual giraba pero no hacía que la puerta se abriera.
-¡¿Por qué no abres?!- Gritó
-¡Alguien ayudeme! ¡por favor! – volvió a gritar
Pero nadie contestó, ni mucho menos apareció del otro lado de la puerta.
Corrió hacia la cómoda y se sirvió media copa de cognac, que bebió de un solo trago. Se volvió a servir otra copa y se acercó a la ventana. Alli dislumbro la luna, sobre el techo de su mansión, ya eran alrededor de las 4 de la madrugada.
El resplandor de la luna le trajo recuerdos…
-Michelle…- suspiró
-Te extraño tanto…
El silencio se adueñaba victoriosamente de la habitación y Vincent retomó la mirada hacia el armario.
Con las puertas abiertas de éste, examinó cada racovejo y rincón olvidado en su anterior inspección.
En vano, una vez más la llave no apareció.
-ha de estar aquí dentro… ¿para que estaría este cofre guardado aquí, si no podria abrirse?. Y aunque quisera buscarlo fuera de la habitacion no podria… esa maldita puerta… - pensó en voz alta.
Para serciorarse de lo que se había dicho asi mismo, tomo nuevamente el picaporte de la puerta… esta insistía en permanecer cerrada.
Paracía estar aferrada al suelo y al marco, como si estuviese soldada.
La desesperación de Vincent aumentaba.
Los latidos de su corazón podían escucharse desde fuera de la habitación. Resonando, constante, como el segundero del reloj de péndulo que se encontraba en medio del pasillo principal.
Bebió de la copa de cognac, sin poder terminar el trago, una voz encarecida tristemente lo aturdió…
-Nunca jamás…
La voz se habia intencificado, tal vez por efecto del alcohol, tal vez la habitación se había reducido, tal vez esa cosa sea lo que sea estaba más cerca de él. Tan cerca que podía sentir su respiración.
Torpe por los efectos del cognac, y aterrado por esa maquiabelica voz. Vincent cayó sentado sobre el aterciopelado sofá, con una mueca de espanto.
Su lengua entre trabada, pronunció.
-¡demonio sal de esta habitación! ¡atraviesa el dintel de la puerta y desaparece en las sombras de la noche!
La respuesta fue concisa y aturdidora
-Nunca jamás…
De un salto se levantó y a golpes trato de abrir la puerta con su hombro, ésta parecia inmóvil.
Olvidando el pequeño cofre entre sus manos, Vincent tropezó con una de las vestiduras que se encontraban en el piso sobre la alfombra. Que descuidadamente olvidó allí después de su pseudo desesperada busqueda de la llave en el armario.
Inexplicablemente, la cajita de musica hexagonal comenzó a sonar, lentamente. Apenas se distinguía “Para Elisa” de Beethoven
Calló boca abajo en el medio de la habitación, con al mirada fija en el marco inferior de la ventana.
Mareado se reincorporó lo más rapido que pudo mientras esa voz se intensificaba por cada segundo que pasaba
-Nunca…
-Jamás…
Con la lengua hecha un nudo, sin haber soltado todavia el cofre amarillo antiguo gritó pidiendo ayuda desesperadamente
-¡¡alguien abrá esa puerta, por favor!! ¡¡necesito ayuda!!
Nadie acudió a los gritos desenfrenados…
-Nunca jamás… resonaba en el aire, aturdiendo los pobres oidos de Vincent
-¡¡Basta!!¡¡Basta!! – gritó
La respuesta fue siempre la misma
-Nunca jamás… Nunca jamás…
Vincent abrió estrepitosamente la ventana, miró hacia el suelo del costado del jardin.
unos 14 metros separaban a la ventana de éste.
-¡No puedo soportarlo más! – gritó desesperado
Tomó la desición de saltar por la ventana, en la desesperación del momento, sabiendo bien que la puerta no se abriría. Con un poco de suerte, solo se lastimaría un poco. Con desgracia… se quitaría la vida
Dejando caer el pequeño cofre de Michelle en el suelo de la habitación, se arrojó por la ventana
Un grito horrendo y un golpe seco se hoyó desde ésta…
Los primeros rayos de sol del amanecer, entraban por la ventana.
En un sutil baile compartido con las luces de las velas que reposaban sobre las mesas y el dintel de la puerta
Ese cuarto en el segundo piso… el cuarto prohibido, Vincent solo entraba a ese cuarto cuando se veia ahogado en nostalgia. Le habia negado la entrada a todos sus sirvientes y mucamas. Mas uno de ellos haria una excepción en esta mañana, solo para encontrar una música lenta que daba ambiente a una habitación desordenada, una ventana destrozada y un papel tirado junto a un pequeño cofre roto que decía…
“Nunca, jamás dejaré de amarte…”
Michelle
Santiago Nitto
5-10-2010
En honor a Edgar Allan Poe...
En un sutil baile compartido con las luces de las velas que reposaban sobre las mesas y el dintel de la puerta
Ese cuarto en el segundo piso… el cuarto prohibido, Vincent solo entraba a ese cuarto cuando se veia ahogado en nostalgia. Le habia negado la entrada a todos sus sirvientes y mucamas, ya que en esa habitación descanzaban las pertenencias de sus difunta esposa.
Sus joyeros estaban ordenados prolijamente sobre la comoda de roble que Michelle habia elegido para decorar el cuarto de huespedes. Un único armario se hacia presente al final de la alfombra color uva que relucia el piso de la habitacion, en este dormian los vestidos que la mujer usaba haciendolos destacar con el color de su piel.
En las paredes se hacian colgados los multiples abanicos y en un rincon de la habitacion habia un sofá de un cuerpo, donde Michelle acostumbraba sentarse a leer por las tardes bebiendo té.
Sin lugar a dudas la pieza que hacia sentir la presencia de la esposa del señor Vincent, era su retrato en la pared. Tan grande y majestuoso, pintado a sudor y sangre por un artista inglés de renombre. Cada detalle en las facciones de Michelle estaban inmortalizados en esa obra.
Los pequeños detalles que el artista habia logrado plasmar en el lienzo, hacia que Vincent pasara horas enteras apreciando la figura de su amada desde aquel viejo sofá.
La curva de los labios, el brillo en sus ojos color miel, su pálida pero hermosa piel…
Por alguna razon al mirar ese cuadro Vincent sentia que ella estaba ahí. A veces incluso, solia hablarle, como si su esposa pudiese escucharlo.
- - -
Aquella noche, el sueño de Vincent fue interrumpido por una dulce voz que aturdió su mente.
Confundido, salío de su cuarto, asomando su cabeza y sus hombros por la puerta hacia el pasillo principal de la casa.
Se volvio hacia su habitacion y cerró la puerta al sentarse nuevamente en su cama, esa voz volvió a exaltarlo de su tranquilidad.
-Vincent…
Arremetió a salir nuevamente, esta vez parado en el medio del pasillo, volvió a sentir el llamado…
-Vincent…
-¿Quién está ahí? – pregunto murmurando
Logró seguir la delicada voz fantasmal, la cual lo dirigio directamente al cuarto donde descanzaban las posesiones de Michelle.
-oh, mente abrumadora… debi saber que mi propio inconciente me juega trucos. Me he desvelado alucinando con voces que no existen, pasaré la noche aquí mi amor. El calor de tus ojos me ayudará a conciliar el sueño otra vez.
Vincent encendió una de las velas y se sirvió un vaso de cognac que reposaba en la punta de la comoda, el único licor que su amada solia beber en ocaciones especiales, se sentó comadamente en el sofá y clavó la vista en la caja musical que estaba en uno de los estantes frente a él.
Suspiro profundamente y lentamente se levantó del sofá. Se colocó de espaldas a la puerta tomando entre sus manos la caja musical en forma hexagonal que el mismo habia regalado a Michelle.
Una fuerte rafaga de viento cerró estrepitosamente la puerta a sus espaldas.
El susto propinado por ésta hizo que Vincent dejára caer al suelo la pequeña caja, la cual se abrió dejando salir una música tan delicada que hacia enternecer el corazón de cualquier ser humano.
Con los ojos brillando Vincent tomo la cajita y la dejo de nuevo en su lugar, en ese estante lleno de polvo.
En el mismo instante en que la pieza toco la madera se hoyó una tenue y escalofriante voz…
-Vincent…
Vincent tomó la copa de cognac y bebió un buen sorbo de ésta, tratando de ignorar la perturbadora voz
-¿de donde viene esa voz?-se dijo algo asustado.
Trató de abrir la puerta, mas al girar el picaporte esta no lo hizo.
-¿Cómo puedo quedarme encerrado si la llave esta en mi bolsillo?-se cuestionó
Intentó nuevamente en vano, pues la puerta no se abrió.
La apagada y escalofriante voz volvio a sonar…
-Nunca…
-¡¿Quién esta ahí?!-dijo enfurecido
-No entiendo quien trata de jugarme una broma a estas horas de la noche. ¡no es gracioso!
La debil voz contestó inexpresiva….
-Nunca…
-¿Nunca?, ¿que quiere decir eso?. Si descubro quien es el que trata de asustarme…
-Nunca…
-¡Basta! – gritó
Nadie contesto esta vez, Vincent se desplomó sobre el sofá y se frotó el rostro angustiado. Volvio a tomar un buen sorbo de cognac.
Nervioso se levanto a encender otra vela, la oscuridad lo hacia inquietarse un poco.
Se dirigió a la puerta nuevamente, y esta seguía cerrada.
Tomo un cigarro del bolsillo de su bata y lo encendio, dio tres bocanadas para calmarse y lo apagó, no queria arruinar el aire de la habitación. Un recuerdo le arrebató la mente…
-ya se que no te agrada el olor, por eso lo apago… - dijo mirando el retrato de Michelle.
Mirando meditabundo a la ventana se dijo: - solo es un visitante, algun bromista que trata de asustarte, solo eso y nada más.
Miró por la ventana hacia el costado de su jardin, vio la cerca de madera, los arbustos y los rosales que habia hecho plantar su amada, en aquella primavera unos años atrás.
-oh amor mio…-dijo recostandose en el aterciopelado sofá.
-Si supieras cuanto te extraño…
Esa odiosa voz contesto casi en animos de burla:
-Jamás…
Rabioso, Vincent pegó un brinco y se levantó del sofá
-solo un idiota que trata de asustarme ¡solo eso y nada mas!
-¿quien es el ingrato que asecha mis espaldas? ¿Quién es el dueño de esa voz fantasmal? ¿Quién invade mi morada para no dejarme dormir en paz?
Una respuesta quebro el silenco de la habitacion. Era la cajita musical hexagonal, que habia empezado a sonar, como por arte de magia.
Se acercó al estante a pocos metros de él, miró la caja y con una mueca de confusion la cerro de un movimiento.
-Vanos los trucos de los que te has provisto – exclamó
- Es absurdo tu plan, el de asustarme, ya he tocado el infierno aquel 5 de octubre. Ya no tengo nada a que temer… ¡nada!.
Nuevamente intentó abrir la puerta… esta seguía cerrada.
Su incomodidad se tornó en desesperación ante este hecho y para tranquilizarse sirvió otra copa de cognac y volvió a sentarse en el sofá.
Sentado observó fijamente sobre su hombro derecho el costado del armario de roble, finamente decorado con talladuras hechas a mano, y algo raro surgio desde su pecho. Una sensacion extraña, como si el interior del armario lo llamára…
Muy lentamente, Vincent abandonó su posición en el sofá y se acerco al armario sin pestañar una sola vez.
Despues de contemplarlo unos minutos decidió abrirlo…
Dentro de él habia de todo, albumnes de fotografias, perfumes, vestidos, zapatos, más alajeros, cajitas con prendedores, un baúl con cartas recibidas y escritas por su difunta esposa, Vincent habia olvidado casi por completo que esas poseciones estaban guardadas ahí.
Pasó un largo rato hasta que el hombre lleno de insomnio admiró con detalle todas las piezas dentro del armario. Olío cada perfume durante varios minutos, sintio la tela de los vestidos en sus dedos, miró los albumnes de fotografias ojeandolos varias veces seguidas y hasta leyó las cartas, en mayoría de familiares dandole las gracias por algún obsequio o deseandole un feliz cumpleaños.
Mas aún, después de hacer una autopsia obsesiva al armario, Vinent notó un detalle en unos de los estantes donde se pozaban los zapatos. Mas precisamente, el par de zapatos italianos de color negro que él mismo le habia regalado en su cumpleaños numero 36.
Por debajo de estos un resplandor plateado, casi indivisile, se hacia notar bajo la luz de una de las velas situadas en el dintel de la puerta.
Corrió los zapatos, para dislumbrar un pequeño cofre, pequeño para ser una alcancía, muy grande para ser un alajero…
Era amarillo antiguo, con bordes platinados y una cerradura plateada cerrando la tapa. Indudablemente, valioso…
Apenas la idea de abrirlo cruzó la mente de Vincent, se hoyó un golpe en la puerta.
El se acercó a ella…
-¿Quién anda ahí?- preguntó
-¿eres tu Clary?- volvió a preguntar, refiriendose a una de sus mucamas, la que hacia el turno de noche.
Al voltearse hacia la cómoda, lo sorprendio la indesifrable voz…
-Nunca jamás…
Vincent miró la puerta, asustado pero furioso.
-si nadie contesta, y nadie se escucha, ha de ser mi imaginación. Si, mi imaginación, y nada más.
-Jamás…
La horrorosa voz contestó a su reflexión.
-¡Basta!, en nombre de lo que es sagrado, suplíco que des la cara. ¡Deja de agobiarme y vigilarme! ¡déjame en paz!
Nuevamente… nadie contestó
Recuperandose de la escena, se dirigió a la cómoda. Donde él suponía que se encontraría la llave que abriría el pequeño cofre de Michelle.
No dejó cajón sin revisar. Meticulosamente observó cada rincón, de arriba a bajo de la antigua cómoda que su amada habia elegido. Más la llave nunca aparecio…
-es extraño…- pensó para si mismo
-es extraño que no se encuentre aquí… ¿Dónde podría estar?. Quizás este dentro del armario…
Al abrir las puertas de éste sintió una sensación gélida detrás de él. Como si le pasáran hielo a lo largo de su espalda.
Volteó sorprendido y aterrado…
-Nunca jamás… - resonó en la habitación, un poco más fuerte que las últimas veces.
-¡por favor!- dijo al borde del llanto
-¡basta ya!, ¿Qué quieres de mi?
Desesperado llegó hasta la puerta girando el picaporte agitadamente. El cual giraba pero no hacía que la puerta se abriera.
-¡¿Por qué no abres?!- Gritó
-¡Alguien ayudeme! ¡por favor! – volvió a gritar
Pero nadie contestó, ni mucho menos apareció del otro lado de la puerta.
Corrió hacia la cómoda y se sirvió media copa de cognac, que bebió de un solo trago. Se volvió a servir otra copa y se acercó a la ventana. Alli dislumbro la luna, sobre el techo de su mansión, ya eran alrededor de las 4 de la madrugada.
El resplandor de la luna le trajo recuerdos…
-Michelle…- suspiró
-Te extraño tanto…
El silencio se adueñaba victoriosamente de la habitación y Vincent retomó la mirada hacia el armario.
Con las puertas abiertas de éste, examinó cada racovejo y rincón olvidado en su anterior inspección.
En vano, una vez más la llave no apareció.
-ha de estar aquí dentro… ¿para que estaría este cofre guardado aquí, si no podria abrirse?. Y aunque quisera buscarlo fuera de la habitacion no podria… esa maldita puerta… - pensó en voz alta.
Para serciorarse de lo que se había dicho asi mismo, tomo nuevamente el picaporte de la puerta… esta insistía en permanecer cerrada.
Paracía estar aferrada al suelo y al marco, como si estuviese soldada.
La desesperación de Vincent aumentaba.
Los latidos de su corazón podían escucharse desde fuera de la habitación. Resonando, constante, como el segundero del reloj de péndulo que se encontraba en medio del pasillo principal.
Bebió de la copa de cognac, sin poder terminar el trago, una voz encarecida tristemente lo aturdió…
-Nunca jamás…
La voz se habia intencificado, tal vez por efecto del alcohol, tal vez la habitación se había reducido, tal vez esa cosa sea lo que sea estaba más cerca de él. Tan cerca que podía sentir su respiración.
Torpe por los efectos del cognac, y aterrado por esa maquiabelica voz. Vincent cayó sentado sobre el aterciopelado sofá, con una mueca de espanto.
Su lengua entre trabada, pronunció.
-¡demonio sal de esta habitación! ¡atraviesa el dintel de la puerta y desaparece en las sombras de la noche!
La respuesta fue concisa y aturdidora
-Nunca jamás…
De un salto se levantó y a golpes trato de abrir la puerta con su hombro, ésta parecia inmóvil.
Olvidando el pequeño cofre entre sus manos, Vincent tropezó con una de las vestiduras que se encontraban en el piso sobre la alfombra. Que descuidadamente olvidó allí después de su pseudo desesperada busqueda de la llave en el armario.
Inexplicablemente, la cajita de musica hexagonal comenzó a sonar, lentamente. Apenas se distinguía “Para Elisa” de Beethoven
Calló boca abajo en el medio de la habitación, con al mirada fija en el marco inferior de la ventana.
Mareado se reincorporó lo más rapido que pudo mientras esa voz se intensificaba por cada segundo que pasaba
-Nunca…
-Jamás…
Con la lengua hecha un nudo, sin haber soltado todavia el cofre amarillo antiguo gritó pidiendo ayuda desesperadamente
-¡¡alguien abrá esa puerta, por favor!! ¡¡necesito ayuda!!
Nadie acudió a los gritos desenfrenados…
-Nunca jamás… resonaba en el aire, aturdiendo los pobres oidos de Vincent
-¡¡Basta!!¡¡Basta!! – gritó
La respuesta fue siempre la misma
-Nunca jamás… Nunca jamás…
Vincent abrió estrepitosamente la ventana, miró hacia el suelo del costado del jardin.
unos 14 metros separaban a la ventana de éste.
-¡No puedo soportarlo más! – gritó desesperado
Tomó la desición de saltar por la ventana, en la desesperación del momento, sabiendo bien que la puerta no se abriría. Con un poco de suerte, solo se lastimaría un poco. Con desgracia… se quitaría la vida
Dejando caer el pequeño cofre de Michelle en el suelo de la habitación, se arrojó por la ventana
Un grito horrendo y un golpe seco se hoyó desde ésta…
Los primeros rayos de sol del amanecer, entraban por la ventana.
En un sutil baile compartido con las luces de las velas que reposaban sobre las mesas y el dintel de la puerta
Ese cuarto en el segundo piso… el cuarto prohibido, Vincent solo entraba a ese cuarto cuando se veia ahogado en nostalgia. Le habia negado la entrada a todos sus sirvientes y mucamas. Mas uno de ellos haria una excepción en esta mañana, solo para encontrar una música lenta que daba ambiente a una habitación desordenada, una ventana destrozada y un papel tirado junto a un pequeño cofre roto que decía…
“Nunca, jamás dejaré de amarte…”
Michelle
Santiago Nitto
5-10-2010
En honor a Edgar Allan Poe...
5/10/10
Temores Infantiles - cuento by Sant
Trato de apagar la voz dentro de mi cabeza, pero no logro hacerlo.
Es una conveniencia en este momento, de esta manera podre concentrarme en mis propios pensamientos sin prestar atencion a las horrendas sombras que se desplazan a mi alrededor.
Que frio tengo… como desearia estar en mi cama ahora mismo, sin preocupaciones rememorando la última pelicula que vi y la siguiente que quisiera ver.
Todo esta tan oscuro… aunque logro dislumbrar a todos esos monstruos cerca de mi zigzageando, caminanto, flotando en mi entorno con sus gemidos de dolor, sus ronquidos y gruñidos ¡que solo logran hacerme sentir peor!.
Esto es tan parecido a una pelicula de terror, no pense que se veria asi.
Es real, es tan real casi puedo sentir el frio de los tentaculos que acaban de pasar sobre mi, rozandome la cabeza. Permanecere inmovil, como lo he estado haciendo desde que caí aquí, me quedare recostado en este suelo aspero como cemento…
Esto es real real como los latidos de mi propio corazón. El pobre esta tan aturdido en este momento, no deja de sacudirse… debo tranquilizarme un poco o me volveré loco.
Loco… que palabra tan bonita o por lo menos asi me sonaba cuando se lo decía a mis amigos. No me creerán cuando les cuente lo que estoy viviendo. Si es que estoy vivo mañana para contarlo.
Seguramente ahí si me llamaran Loco.
Frio… ¡que frio!
Distráete… distráete. ¡Por amor de dios distráete!
Recuerdo cuando era niño, cuando era muy niño.
Cualquier cosa fea me asustaba, me hacia sentir aterrado pensar que habría debajo de mi cama o detrás de la cortina del baño, o incluso en la cocina cuando ya era tarde y todos estaban durmiendo en la mitad de la noche.
Ahora ya no soy asi –
¡oh que frio!…
No tiembles, quedate quieto… quieto, no valla a ser que alguna de estas cosas note tu presencia…
Ahora ya no soy asi.
Ahora no me asusto con tanta facilidad…
Asustarse… como me asustaba con las historias de terror que me contaban mis hermanos, realmente ahora me suenan absurdas y hasta bobas, pero en ese entonces… ¡bufff!, me causaban escalofrios…
-“no mires debajo de tu cama de noche”- decian
-“no dejes la puerta del armario abierta en las noches”
Y yo como el mejor de los tarados, les hacia caso. Ignorando esas risas que me daban aun mas miedo.
-“¿nunca te contaron lo que le paso al hijo del vecino?, abrió la puerta del armario en la mitad de la madrugada, una noche de luna llena… aún lo estan buscando, nadie supo jamas lo que le sucedió”
Creo que estuve años con esa historia en la cabeza, y aun la recuerdo de vez en cuando, junto con tantas otras…
De haberlas creido…
-“dicen que la niña que vive a dos calles de aquí una vez se levantó tarde en la noche porque tenia ganas de ir al baño, entones unas enormes garras que salieron de abajo de su cama la tomaron por los tobillos y la arrastraron hacia el suelo…
Por suerte sus gritos hicieron que sus padres se despertarán, estos corrieron hacia su cuarto y encendieron la luz. Y la encontraron ahí, con las piernas bajo la cama llorando encarnecidamente con la cara totalmente roja.
No duerme desde entonces la pobrecita…”
Malditos tarados… si me habran asustado con esas estupideces.
Hoy en dia cuando lo recuerdo me da un poco de escalofrios y luego me rio. “Ya estoy grande para creer en esas cosas”- suelo pensar.
Estas cosas siguen dando vueltas a mi alrededor, sus gruñidos y sus respiraciones entrecortadas no me dejan concentrar… abriré los ojos por un momento…
¡¡dios mio!!... ¡no vayas a moverte!…
Debí creer en esas estupidas historias…
…tal vez no me encontraria en este horrible lugar ahora…
¡¿Por qué tuve la idea de abrir el armario en la mitad de la noche?!
Sant
Es una conveniencia en este momento, de esta manera podre concentrarme en mis propios pensamientos sin prestar atencion a las horrendas sombras que se desplazan a mi alrededor.
Que frio tengo… como desearia estar en mi cama ahora mismo, sin preocupaciones rememorando la última pelicula que vi y la siguiente que quisiera ver.
Todo esta tan oscuro… aunque logro dislumbrar a todos esos monstruos cerca de mi zigzageando, caminanto, flotando en mi entorno con sus gemidos de dolor, sus ronquidos y gruñidos ¡que solo logran hacerme sentir peor!.
Esto es tan parecido a una pelicula de terror, no pense que se veria asi.
Es real, es tan real casi puedo sentir el frio de los tentaculos que acaban de pasar sobre mi, rozandome la cabeza. Permanecere inmovil, como lo he estado haciendo desde que caí aquí, me quedare recostado en este suelo aspero como cemento…
Esto es real real como los latidos de mi propio corazón. El pobre esta tan aturdido en este momento, no deja de sacudirse… debo tranquilizarme un poco o me volveré loco.
Loco… que palabra tan bonita o por lo menos asi me sonaba cuando se lo decía a mis amigos. No me creerán cuando les cuente lo que estoy viviendo. Si es que estoy vivo mañana para contarlo.
Seguramente ahí si me llamaran Loco.
Frio… ¡que frio!
Distráete… distráete. ¡Por amor de dios distráete!
Recuerdo cuando era niño, cuando era muy niño.
Cualquier cosa fea me asustaba, me hacia sentir aterrado pensar que habría debajo de mi cama o detrás de la cortina del baño, o incluso en la cocina cuando ya era tarde y todos estaban durmiendo en la mitad de la noche.
Ahora ya no soy asi –
¡oh que frio!…
No tiembles, quedate quieto… quieto, no valla a ser que alguna de estas cosas note tu presencia…
Ahora ya no soy asi.
Ahora no me asusto con tanta facilidad…
Asustarse… como me asustaba con las historias de terror que me contaban mis hermanos, realmente ahora me suenan absurdas y hasta bobas, pero en ese entonces… ¡bufff!, me causaban escalofrios…
-“no mires debajo de tu cama de noche”- decian
-“no dejes la puerta del armario abierta en las noches”
Y yo como el mejor de los tarados, les hacia caso. Ignorando esas risas que me daban aun mas miedo.
-“¿nunca te contaron lo que le paso al hijo del vecino?, abrió la puerta del armario en la mitad de la madrugada, una noche de luna llena… aún lo estan buscando, nadie supo jamas lo que le sucedió”
Creo que estuve años con esa historia en la cabeza, y aun la recuerdo de vez en cuando, junto con tantas otras…
De haberlas creido…
-“dicen que la niña que vive a dos calles de aquí una vez se levantó tarde en la noche porque tenia ganas de ir al baño, entones unas enormes garras que salieron de abajo de su cama la tomaron por los tobillos y la arrastraron hacia el suelo…
Por suerte sus gritos hicieron que sus padres se despertarán, estos corrieron hacia su cuarto y encendieron la luz. Y la encontraron ahí, con las piernas bajo la cama llorando encarnecidamente con la cara totalmente roja.
No duerme desde entonces la pobrecita…”
Malditos tarados… si me habran asustado con esas estupideces.
Hoy en dia cuando lo recuerdo me da un poco de escalofrios y luego me rio. “Ya estoy grande para creer en esas cosas”- suelo pensar.
Estas cosas siguen dando vueltas a mi alrededor, sus gruñidos y sus respiraciones entrecortadas no me dejan concentrar… abriré los ojos por un momento…
¡¡dios mio!!... ¡no vayas a moverte!…
Debí creer en esas estupidas historias…
…tal vez no me encontraria en este horrible lugar ahora…
¡¿Por qué tuve la idea de abrir el armario en la mitad de la noche?!
Sant
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