6/10/10

Michelle - cuento by Sant

Los ultimos rayos de sol del atardecer, entraban por la ventana.
En un sutil baile compartido con las luces de las velas que reposaban sobre las mesas y el dintel de la puerta
Ese cuarto en el segundo piso… el cuarto prohibido, Vincent solo entraba a ese cuarto cuando se veia ahogado en nostalgia. Le habia negado la entrada a todos sus sirvientes y mucamas, ya que en esa habitación descanzaban las pertenencias de sus difunta esposa.
Sus joyeros estaban ordenados prolijamente sobre la comoda de roble que Michelle habia elegido para decorar el cuarto de huespedes. Un único armario se hacia presente al final de la alfombra color uva que relucia el piso de la habitacion, en este dormian los vestidos que la mujer usaba haciendolos destacar con el color de su piel.
En las paredes se hacian colgados los multiples abanicos y en un rincon de la habitacion habia un sofá de un cuerpo, donde Michelle acostumbraba sentarse a leer por las tardes bebiendo té.
Sin lugar a dudas la pieza que hacia sentir la presencia de la esposa del señor Vincent, era su retrato en la pared. Tan grande y majestuoso, pintado a sudor y sangre por un artista inglés de renombre. Cada detalle en las facciones de Michelle estaban inmortalizados en esa obra.
Los pequeños detalles que el artista habia logrado plasmar en el lienzo, hacia que Vincent pasara horas enteras apreciando la figura de su amada desde aquel viejo sofá.

La curva de los labios, el brillo en sus ojos color miel, su pálida pero hermosa piel…
Por alguna razon al mirar ese cuadro Vincent sentia que ella estaba ahí. A veces incluso, solia hablarle, como si su esposa pudiese escucharlo.

- - -

Aquella noche, el sueño de Vincent fue interrumpido por una dulce voz que aturdió su mente.
Confundido, salío de su cuarto, asomando su cabeza y sus hombros por la puerta hacia el pasillo principal de la casa.
Se volvio hacia su habitacion y cerró la puerta al sentarse nuevamente en su cama, esa voz volvió a exaltarlo de su tranquilidad.

-Vincent…

Arremetió a salir nuevamente, esta vez parado en el medio del pasillo, volvió a sentir el llamado…

-Vincent…

-¿Quién está ahí? – pregunto murmurando

Logró seguir la delicada voz fantasmal, la cual lo dirigio directamente al cuarto donde descanzaban las posesiones de Michelle.

-oh, mente abrumadora… debi saber que mi propio inconciente me juega trucos. Me he desvelado alucinando con voces que no existen, pasaré la noche aquí mi amor. El calor de tus ojos me ayudará a conciliar el sueño otra vez.

Vincent encendió una de las velas y se sirvió un vaso de cognac que reposaba en la punta de la comoda, el único licor que su amada solia beber en ocaciones especiales, se sentó comadamente en el sofá y clavó la vista en la caja musical que estaba en uno de los estantes frente a él.
Suspiro profundamente y lentamente se levantó del sofá. Se colocó de espaldas a la puerta tomando entre sus manos la caja musical en forma hexagonal que el mismo habia regalado a Michelle.

Una fuerte rafaga de viento cerró estrepitosamente la puerta a sus espaldas.
El susto propinado por ésta hizo que Vincent dejára caer al suelo la pequeña caja, la cual se abrió dejando salir una música tan delicada que hacia enternecer el corazón de cualquier ser humano.

Con los ojos brillando Vincent tomo la cajita y la dejo de nuevo en su lugar, en ese estante lleno de polvo.
En el mismo instante en que la pieza toco la madera se hoyó una tenue y escalofriante voz…

-Vincent…

Vincent tomó la copa de cognac y bebió un buen sorbo de ésta, tratando de ignorar la perturbadora voz

-¿de donde viene esa voz?-se dijo algo asustado.

Trató de abrir la puerta, mas al girar el picaporte esta no lo hizo.

-¿Cómo puedo quedarme encerrado si la llave esta en mi bolsillo?-se cuestionó

Intentó nuevamente en vano, pues la puerta no se abrió.

La apagada y escalofriante voz volvio a sonar…

-Nunca…

-¡¿Quién esta ahí?!-dijo enfurecido

-No entiendo quien trata de jugarme una broma a estas horas de la noche. ¡no es gracioso!

La debil voz contestó inexpresiva….

-Nunca…

-¿Nunca?, ¿que quiere decir eso?. Si descubro quien es el que trata de asustarme…

-Nunca…

-¡Basta! – gritó

Nadie contesto esta vez, Vincent se desplomó sobre el sofá y se frotó el rostro angustiado. Volvio a tomar un buen sorbo de cognac.

Nervioso se levanto a encender otra vela, la oscuridad lo hacia inquietarse un poco.

Se dirigió a la puerta nuevamente, y esta seguía cerrada.

Tomo un cigarro del bolsillo de su bata y lo encendio, dio tres bocanadas para calmarse y lo apagó, no queria arruinar el aire de la habitación. Un recuerdo le arrebató la mente…

-ya se que no te agrada el olor, por eso lo apago… - dijo mirando el retrato de Michelle.

Mirando meditabundo a la ventana se dijo: - solo es un visitante, algun bromista que trata de asustarte, solo eso y nada más.

Miró por la ventana hacia el costado de su jardin, vio la cerca de madera, los arbustos y los rosales que habia hecho plantar su amada, en aquella primavera unos años atrás.

-oh amor mio…-dijo recostandose en el aterciopelado sofá.
-Si supieras cuanto te extraño…

Esa odiosa voz contesto casi en animos de burla:

-Jamás…

Rabioso, Vincent pegó un brinco y se levantó del sofá

-solo un idiota que trata de asustarme ¡solo eso y nada mas!

-¿quien es el ingrato que asecha mis espaldas? ¿Quién es el dueño de esa voz fantasmal? ¿Quién invade mi morada para no dejarme dormir en paz?

Una respuesta quebro el silenco de la habitacion. Era la cajita musical hexagonal, que habia empezado a sonar, como por arte de magia.

Se acercó al estante a pocos metros de él, miró la caja y con una mueca de confusion la cerro de un movimiento.

-Vanos los trucos de los que te has provisto – exclamó

- Es absurdo tu plan, el de asustarme, ya he tocado el infierno aquel 5 de octubre. Ya no tengo nada a que temer… ¡nada!.

Nuevamente intentó abrir la puerta… esta seguía cerrada.

Su incomodidad se tornó en desesperación ante este hecho y para tranquilizarse sirvió otra copa de cognac y volvió a sentarse en el sofá.

Sentado observó fijamente sobre su hombro derecho el costado del armario de roble, finamente decorado con talladuras hechas a mano, y algo raro surgio desde su pecho. Una sensacion extraña, como si el interior del armario lo llamára…

Muy lentamente, Vincent abandonó su posición en el sofá y se acerco al armario sin pestañar una sola vez.
Despues de contemplarlo unos minutos decidió abrirlo…
Dentro de él habia de todo, albumnes de fotografias, perfumes, vestidos, zapatos, más alajeros, cajitas con prendedores, un baúl con cartas recibidas y escritas por su difunta esposa, Vincent habia olvidado casi por completo que esas poseciones estaban guardadas ahí.

Pasó un largo rato hasta que el hombre lleno de insomnio admiró con detalle todas las piezas dentro del armario. Olío cada perfume durante varios minutos, sintio la tela de los vestidos en sus dedos, miró los albumnes de fotografias ojeandolos varias veces seguidas y hasta leyó las cartas, en mayoría de familiares dandole las gracias por algún obsequio o deseandole un feliz cumpleaños.

Mas aún, después de hacer una autopsia obsesiva al armario, Vinent notó un detalle en unos de los estantes donde se pozaban los zapatos. Mas precisamente, el par de zapatos italianos de color negro que él mismo le habia regalado en su cumpleaños numero 36.

Por debajo de estos un resplandor plateado, casi indivisile, se hacia notar bajo la luz de una de las velas situadas en el dintel de la puerta.
Corrió los zapatos, para dislumbrar un pequeño cofre, pequeño para ser una alcancía, muy grande para ser un alajero…
Era amarillo antiguo, con bordes platinados y una cerradura plateada cerrando la tapa. Indudablemente, valioso…

Apenas la idea de abrirlo cruzó la mente de Vincent, se hoyó un golpe en la puerta.
El se acercó a ella…

-¿Quién anda ahí?- preguntó

-¿eres tu Clary?- volvió a preguntar, refiriendose a una de sus mucamas, la que hacia el turno de noche.

Al voltearse hacia la cómoda, lo sorprendio la indesifrable voz…

-Nunca jamás…

Vincent miró la puerta, asustado pero furioso.

-si nadie contesta, y nadie se escucha, ha de ser mi imaginación. Si, mi imaginación, y nada más.

-Jamás…

La horrorosa voz contestó a su reflexión.

-¡Basta!, en nombre de lo que es sagrado, suplíco que des la cara. ¡Deja de agobiarme y vigilarme! ¡déjame en paz!

Nuevamente… nadie contestó

Recuperandose de la escena, se dirigió a la cómoda. Donde él suponía que se encontraría la llave que abriría el pequeño cofre de Michelle.

No dejó cajón sin revisar. Meticulosamente observó cada rincón, de arriba a bajo de la antigua cómoda que su amada habia elegido. Más la llave nunca aparecio…

-es extraño…- pensó para si mismo

-es extraño que no se encuentre aquí… ¿Dónde podría estar?. Quizás este dentro del armario…

Al abrir las puertas de éste sintió una sensación gélida detrás de él. Como si le pasáran hielo a lo largo de su espalda.

Volteó sorprendido y aterrado…

-Nunca jamás… - resonó en la habitación, un poco más fuerte que las últimas veces.

-¡por favor!- dijo al borde del llanto

-¡basta ya!, ¿Qué quieres de mi?

Desesperado llegó hasta la puerta girando el picaporte agitadamente. El cual giraba pero no hacía que la puerta se abriera.

-¡¿Por qué no abres?!- Gritó

-¡Alguien ayudeme! ¡por favor! – volvió a gritar

Pero nadie contestó, ni mucho menos apareció del otro lado de la puerta.

Corrió hacia la cómoda y se sirvió media copa de cognac, que bebió de un solo trago. Se volvió a servir otra copa y se acercó a la ventana. Alli dislumbro la luna, sobre el techo de su mansión, ya eran alrededor de las 4 de la madrugada.
El resplandor de la luna le trajo recuerdos…

-Michelle…- suspiró

-Te extraño tanto…

El silencio se adueñaba victoriosamente de la habitación y Vincent retomó la mirada hacia el armario.
Con las puertas abiertas de éste, examinó cada racovejo y rincón olvidado en su anterior inspección.
En vano, una vez más la llave no apareció.

-ha de estar aquí dentro… ¿para que estaría este cofre guardado aquí, si no podria abrirse?. Y aunque quisera buscarlo fuera de la habitacion no podria… esa maldita puerta… - pensó en voz alta.

Para serciorarse de lo que se había dicho asi mismo, tomo nuevamente el picaporte de la puerta… esta insistía en permanecer cerrada.
Paracía estar aferrada al suelo y al marco, como si estuviese soldada.

La desesperación de Vincent aumentaba.
Los latidos de su corazón podían escucharse desde fuera de la habitación. Resonando, constante, como el segundero del reloj de péndulo que se encontraba en medio del pasillo principal.

Bebió de la copa de cognac, sin poder terminar el trago, una voz encarecida tristemente lo aturdió…

-Nunca jamás…

La voz se habia intencificado, tal vez por efecto del alcohol, tal vez la habitación se había reducido, tal vez esa cosa sea lo que sea estaba más cerca de él. Tan cerca que podía sentir su respiración.

Torpe por los efectos del cognac, y aterrado por esa maquiabelica voz. Vincent cayó sentado sobre el aterciopelado sofá, con una mueca de espanto.
Su lengua entre trabada, pronunció.

-¡demonio sal de esta habitación! ¡atraviesa el dintel de la puerta y desaparece en las sombras de la noche!

La respuesta fue concisa y aturdidora

-Nunca jamás…

De un salto se levantó y a golpes trato de abrir la puerta con su hombro, ésta parecia inmóvil.

Olvidando el pequeño cofre entre sus manos, Vincent tropezó con una de las vestiduras que se encontraban en el piso sobre la alfombra. Que descuidadamente olvidó allí después de su pseudo desesperada busqueda de la llave en el armario.
Inexplicablemente, la cajita de musica hexagonal comenzó a sonar, lentamente. Apenas se distinguía “Para Elisa” de Beethoven

Calló boca abajo en el medio de la habitación, con al mirada fija en el marco inferior de la ventana.

Mareado se reincorporó lo más rapido que pudo mientras esa voz se intensificaba por cada segundo que pasaba

-Nunca…

-Jamás…

Con la lengua hecha un nudo, sin haber soltado todavia el cofre amarillo antiguo gritó pidiendo ayuda desesperadamente

-¡¡alguien abrá esa puerta, por favor!! ¡¡necesito ayuda!!

Nadie acudió a los gritos desenfrenados…

-Nunca jamás… resonaba en el aire, aturdiendo los pobres oidos de Vincent

-¡¡Basta!!¡¡Basta!! – gritó

La respuesta fue siempre la misma

-Nunca jamás… Nunca jamás…

Vincent abrió estrepitosamente la ventana, miró hacia el suelo del costado del jardin.
unos 14 metros separaban a la ventana de éste.

-¡No puedo soportarlo más! – gritó desesperado

Tomó la desición de saltar por la ventana, en la desesperación del momento, sabiendo bien que la puerta no se abriría. Con un poco de suerte, solo se lastimaría un poco. Con desgracia… se quitaría la vida

Dejando caer el pequeño cofre de Michelle en el suelo de la habitación, se arrojó por la ventana

Un grito horrendo y un golpe seco se hoyó desde ésta…

Los primeros rayos de sol del amanecer, entraban por la ventana.
En un sutil baile compartido con las luces de las velas que reposaban sobre las mesas y el dintel de la puerta
Ese cuarto en el segundo piso… el cuarto prohibido, Vincent solo entraba a ese cuarto cuando se veia ahogado en nostalgia. Le habia negado la entrada a todos sus sirvientes y mucamas. Mas uno de ellos haria una excepción en esta mañana, solo para encontrar una música lenta que daba ambiente a una habitación desordenada, una ventana destrozada y un papel tirado junto a un pequeño cofre roto que decía…

“Nunca, jamás dejaré de amarte…”

Michelle



Santiago Nitto
5-10-2010


En honor a Edgar Allan Poe...

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